lunes, 6 de junio de 2016

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LA MAGIA DE LA ALFARERÍA”



En la ciudad de La Paz, el pasado 2 de junio, se presentó un nuevo libro de la autora chicheña Nedda Ramírez Rivas bajo el título “La Magia de la Alfarería”. Esta es la segunda publicación enmarcada en la temática de la cerámica que fue antecedida por “Tierra, Aire, Agua, Fuego y Arte” presentada el mes de noviembre donde se hacía énfasis en la producción de cerámica en las comunidades del territorio chicheño, como ser Chagua y Berque principalmente. En este cometido, La Magia de la Alfarería se constituye en un sugerente manual técnico donde se prioriza la técnica del torno como una herramienta para producir la alfarería. Asimismo, en la misma jornada se inauguró la “Expo Retrospectiva de Caricaturas” de Juan de Dios Alfaro Ramírez un autor reconocido a nivel nacional en diferentes periódicos de importancia. En este marco se contó con la presencia de un importante número de visitantes que acompañaron este encuentro entre artistas chicheños.

CINE, CULTURAS E HISTORIAS

El pasado 27 de mayo, la ciudad de Tupiza fue engalanada con una de las proyecciones inaugurales de la película “Juana Azurduy de Padilla Guerrillera de la Patria Grande” abriendo, o tomando, nuevamente el histórico Cine Suipacha, con énfasis especial en la palabra guerrillera como un precedente atractivo para disfrutar de dicha película. Al respecto un primer apunte debe estar referido a la necesidad de reactivar de forma permanente los escenarios culturales ubicados en Tupiza como una manera de incentivar las propuestas que se vayan a concebir tanto desde propios y visitantes, como se vio en varios momentos con presentaciones teatrales. Así, la existencia y funcionamiento de un cine teatro es un eje que se encarga de activar el interés por trabajar diferentes géneros culturales muy necesarios para niños, niñas, adolescentes y jóvenes, principalmente, como una manera constructiva de utilizar el tiempo de ocio, mucho más al tener como una de las cualidades de la ciudad de Tupiza al nombramiento como Capital Cultural de la Juventud, otorgado hace varios años atrás.

De esta manera, una película tan necesaria fue presentada como una manera de reivindicar en el escenario nacional, e internacional, una etapa importante para nuestro, actual, país donde se desarrolló la guerra de guerrillas, con el protagonismo de una diversidad de habitantes del territorio altoperuano. Sin embargo en este caso, se distingue la participación de una mujer, Juana Azurduy, quien superando una serie de obstáculos contra su persona y, hasta, contra su maternidad, tuvo la capacidad de liderar grandes movimientos dentro de la guerra de los 15 años para lograr la independencia de un nuevo país. Desde este punto de vista, la película en cuestión es un reconocimiento necesario para estos guerrilleros y guerrilleras, dentro de las cuales también se encuentran la Heroínas de la Coronilla como otra faceta determinante en el devenir de nuestra historia y entender el aporte de las mujeres dentro del mismo.


En el mismo sentido, Tupiza y toda la región de Los Chichas, donde Juana Azurduy vivió, brindó aportes fundantes dentro de este proceso en el cual se gestaron movimientos y levantamientos dentro de un mismo objetivo y con una participación importante de los “indios”, más allá de las elites, que terminaron apropiándose de los réditos luego de los 15 años de emancipación. En este sentido, debemos recordar que las Batalla de Cotagaita y Suipacha de 1810 son entendidas como el bautizo de fuego en este periodo además de un posible comienzo de la guerra de guerrillas por la estrategia aplicada en esta primera victoria de los patriotas en el Alto Perú. Con lo acontecido, se generan los encuentros entre cultura e historia donde se cruzan otras transversales como el género que revalidan el trabajo fundamental de las mujeres en torno a la independencia que por lo general son invisibilizadas dentro de un sistema patriarcal que se limita a generar recordatorios simplistas en días concretos sin plantear una verdadera inclusión ya sea de mujeres, pueblos indígenas y otros actores y actoras que no responden a la lógica encargada de construir la historia desde los ganadores y a partir de intereses de sectores y clases poderosas a lo largo de la historia, supuestamente, oficial.

lunes, 30 de mayo de 2016

GÉNERO, ROLES Y MATERNIDAD (II)

La visión sobre el ser hombre o ser mujer ha establecido una jerarquización se sexos y géneros de los cuales el ser hombre es considerado como superior ante lo cual el opuesto viene con toda una carga peyorativa y despectiva como si el ser mujer o lo femenino fuera menos o motivo de vergüenza. A partir de esta lógica se establecen relaciones de dominación y violencia hacia las mujeres, principalmente, o a todo lo que se asocia al aspecto “femenino” como una señal de inferioridad. Así, nos enfrentamos a estereotipos machistas ante los cuales para un hombre es señal de debilidad y motivo de burla y humillación el manifestar expresiones de cariño, llanto u otros vinculados a lo que, solo, es cosa de mujeres. Entonces asociamos el ejercicio de violencia en todos los espacios, tanto públicos y privados, para aquel hombre que presente estas conductas “anormales”. Igualmente se generar actitudes de homofobia y acoso escolar enmarcados y justificados en esa lógica de la inferioridad de las cualidades “femeninas” a las cuales un hombre no puede asomarse y mucho menos ejercerlas.

En este amplio marco de realidades y complejidades sociales, se apresta la maternidad que no queda exenta de estas mismas taras mentales. Así, en el día a día todos los factores externos se ocupan de profundizar las lógicas retrogradas hacia las mujeres madres. Como un ejemplo actual y recurrente tenemos que con la aproximación del día de la madre comenzamos a percibir publicidad sexista que relaciona esta fecha con la compra y regalo de insumos domésticos como lo inmediato para relacionar con el ser madre, situación que no ocurre con el padre a quien se lo vincula con la oficina o la productividad. Asimismo, debemos hacer énfasis en las responsabilidades hacia los hijos e hijas entregada, por completo, a la madre o alguna otra mujer próxima en la familia; ante lo cual el hombre es liberado de estas responsabilidades y queda con el rol de proveedor y generador de economía siendo este el único aspecto que puede avergonzarlo, cuando este cumple roles domésticos sin ser generador de economía para la familia. Más allá de las paredes del hogar queda la sociedad en general que, como ya mencionamos, es corresponsables de la generación de desigualdades e inequidades con actitudes muy ajenas y desinteresadas por el bienestar de madres e hijos/hijas. Aquí, se pueden relacionar aspectos laborales con la maternidad donde esta responsabilidad repercute en la imposibilidad de asumir trabajos formales, lo cual obliga a recurrir a la informalidad o subempleos, alejados de lo que conocemos como trabajo digno y el acceso a seguridad social.


Como una respuesta a esta situación emergen propuestas como el feminismo o las masculinidades en el objetivo de reducir estas brechas de desigualdad en las oportunidades o imaginarios respecto de lo que significa ser mujer u hombre en la actualidad. Asimismo, se trata de desmontar y deconstruir las lógicas machistas, en ambos sexos, que han estructurado este tipo de sociedad ajena a la reflexión sobre este tipo de problemáticas y que solo reproducen, de forma frívola, recordatorios como el 27 de mayo siendo una muestra de continuidad en estas relaciones de poder, ampliadas por el mercado que interviene para construir significados a partir de regalos materiales en los cuales se refleje el cariño, aunque sea enajenado. Entonces, la construcción, o deconstrucción, del género debe ser una constante para que podamos incidir en la interpelación de los roles sociales dentro de los cuales la maternidad deberá ser complementada por una paternidad activa, lejos del ejercicio de la violencia como sinónimo de padre y más cerca de un amor maternal con cariño real y sincero hacia niños y niñas que serán los próximos actores enmarcados en esos roles que replanteen la estructura social así como las relaciones entre hombres y mujeres.

lunes, 23 de mayo de 2016

GÉNERO, ROLES Y MATERNIDAD

La igualdad y equidad de género es presentada como un tema de moda en los últimos tiempos, no obstante es posible que esta sea una argucia más que pretenda estigmatizar este planteamiento por una sociedad más horizontal y sin desigualdades sociales a partir del sexo y el género de las personas. Entonces nos encontramos frente a una lucha histórica de, lo que representa, más de la mitad de la población en Bolivia y el mundo, como muestran los datos demográficos para esta constante en el tiempo. No obstante, pese a esta situación poblacional la distribución del poder ha sido diferenciada en favor de los hombres que a partir de varios elementos sociales y políticos en el devenir de la historia han terminado de consolidar un fuerte sistema patriarcal y una lógica machista encargada de estructurar a la sociedad así como crear y asignar determinados roles para hombres y mujeres.

Con estos precedentes debemos abordar el tema de los espacios identificados como lo público y privado donde el primero es asignado a los hombres como una asociación cuasi natural al igual que lo privado o doméstico se relaciona con las mujeres con todas las implicancias del caso que, por lo general, van en detrimento de las mismas involucrando aspectos como la doble y triple jornada laboral, o el trabajo doméstico no remunerado ni reconocido desde la formalidad. Entonces nos enfrentamos a esa anquilosada perspectiva de asumir que solo las mujeres deben cumplir responsabilidades domésticas que incluyen actividades como cocinar, limpiar, lavar y consecuentemente el cuidado de los hijos e hijas. En contraposición los hombres quedan exentos de estas labores a partir de su condición de hombres y de los roles socialmente, mal, construidos, por lo que nos encontramos en una sociedad donde ver a un hombre cumpliendo estos roles “femeninos” es denigrante y no cuadra con el prototipo o patrón del jefe de hogar. De esta forma, la naturalización de estos roles y espacios en la sociedad han quedado tan internalizados que los cuestionamientos o interpelaciones que se hagan al respecto son invalidados por todo un aparato ideológico y subjetivo sustentado en una arcaica división sexual de la sociedad.

En una mirada más amplia, ingresamos a considerar a la división sexual del trabajo donde las estadísticas y datos sobre temas laborales muestran una población femenina en desventaja dentro del mercado laboral dentro del cual los avances logrados han sido resultado de la propia lucha de las mujeres por mucho tiempo para que ahora estemos hablando de conceptos como la paridad y equidad. Sin embargo, más allá de los datos formales del trabajo, hay que profundizar la lectura identificando por ejemplo la informalidad con rostro de mujer y, cómo no, la pobreza con rostro de mujer identificados a partir de estudios especializados pero que también se presentan ante nuestros ojos en la cotidianidad, simplemente con el hecho de visitar una feria, alguna comunidad alejada de las grandes urbes, así como las periferias de las grandes metrópolis segregadas. Entonces, la división sexual del trabajo es otra realidad permanente que pasa desde espacios formales llegando hasta la marginalidad a lo que se suma la doble y triple jornada sin que esto repercuta a nivel social por considerarse un problema privado, como un descargo colectivo para desestimar esta situación.


En este cometido, nos encontramos inmersos dentro de una sociedad adormecida y enajenada por una serie de elementos encargados de construir la estructura patriarcal donde el género se sigue construyendo a partir de diferencias tan básicas y sutiles como los colores pre asignados, rosado VS Celeste, o juguetes en similar dirección, cocinas VS autitos, reproduciendo así esa división imaginaria y divisiones construidas socialmente para terminar en argumentos de dominación y sometimiento hacia las mujeres dando continuidad a las desigualdades normalizadas. En esta línea también se encuentran los medios de comunicación reproductores de micromachismos o sexismo frontal para sus receptores masivos que actúan como máquinas célibes. De la misma manera, nos enfrentamos con la violencia en todas sus formas y espacios, de las que una de las más recurrentes y complejas es la intrafamiliar donde la pareja se constituye, por lo general, en el agresor o en casos peores se trata del padre, abuelo, hermanos u otros del círculo familiar. Adicionalmente vamos al ámbito público como la escuela, el trabajo y otros más donde se ejerce violencia de una u otra manera contra las mujeres, desde la violencia psicológica, física, sexual, económica, simbólica y muchas más resultando en esta vulneración de los derechos y las leyes que parecen no tener alcance en el devenir cotidiano frente a lógicas sexistas, violentas, machistas, misóginas y arcaicas, entre otras.